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“Rediseñemos la profesión legal”

Los efectos de una pandemia nos han obligado a cambiar nuestro paradigma y la forma de ejercer el derecho. El futuro es nuestro presente.

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Una situación sin precedentes, un virus que ataca al mundo de una forma tan agresiva que en menos de cuatro meses ha debilitado la economía mundial. La forma de hacer y de vender negocios, la forma de interactuar con otros, ha cambiado radicalmente. El distanciamiento social, ha imposibilitado la captación de nuevos prospectos, sin olvidarnos del hecho de que mantener la comunicación virtual con los clientes actuales, ha sido otro de los grandes desafíos que nos ha impuesto la pandemia. Entonces, no solo nos tocó a los abogados adaptarnos a este nuevo entorno, sino que también, tenemos la tarea de analizar y anticipar cuál será el comportamiento a futuro de los clientes.  

En este ensayo quiero plasmar nuestra historia. Sí, la historia de miles de abogados que al igual que yo, pensábamos que teníamos mucho tiempo y todo un futuro por delante para innovar y modernizar nuestros servicios. La realidad es que ese futuro, se ha convertido en nuestro presente.

No es un secreto que una de las industrias que requiere reinventarse de manera urgente es la legal. Pero una de las grandes limitantes que el nuevo contexto nos presenta, es el pensamiento cuadrado y rígido que nos caracteriza. Probablemente, se nos dificulte imaginar nuevos procesos, o nuevas formas de prestar nuestros servicios, como la consecuencia de una formación académica esquematizada, con metodologías antiguas, que no dan cabida a la creatividad. La suma de todos estos factores, ha creado la falsa idea de lo que un abogado “debería ser o hacer”.  Entonces, ¿cómo enfrentar los retos que nos impone una sociedad que está ahora más digitalizada que nunca?, pues, a través de la creatividad, apoyada en el uso de herramientas tecnológicas y adoptando un pensamiento innovador.

Everett Rogers, en su obra fundacional “Diffusion of Innovations” clasifica a los usuarios en una serie de perfiles psicográficos en función de una variable principal: su respuesta a la discontinuidad y su propensión a adoptar la innovación. Según Rogers, no todo el mundo adoptará inmediatamente una idea disruptiva a pesar de los beneficios obvios, sino que lo harán gradualmente. Y concuerdo con él, el proceso hacia una industria legal disruptiva, será un proceso.

La alianza estratégica entre la inteligencia artificial, las plataformas tecnológicas y las leyes.

Un estudio publicado por el Instituto de la Humanidad Futura de la Universidad de Oxford y el Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Yale en el año 2017, titulado ¿Cuando la Inteligencia Artificial excederá el rendimiento humano?”, concluyó que la inteligencia artificial superará a los humanos en varias actividades, y aprovecho para citarlas: “traducir idiomas (año 2024), escribir ensayos de escuela secundaria (año 2026), manejar camiones (año 2027), trabajar en comercio al por menor ( año 2031), escribir un libro tipo “best seller” (año 2049), trabajar como cirujano (año 2053), (Instituto de Humanidad Futura, 2017).

Parece lejano, pero Irónicamente, estamos en ese momento de la historia en el que un software con inteligencia artificial se convierte en un árbitro, o en un juez para dirimir conflictos, chatbots atienden a nuestros clientes mientras dormimos, y aplicaciones de celular y web, están divorciando personas por mutuo acuerdo. Algunos ejemplos son:

Iurisfy (www.iurisfy.com): es una aplicación para iOS y Android, creada en España, que en tan solo cinco pasos, suscribe un acuerdo de divorcio por mutuo, y calcula la pensión alimenticia sin tener que acudir a un abogado, ahorrando hasta un 62% sobre el precio de un procedimiento tradicional.  Esta aplicación, considerada una Legaltech, agiliza enormemente el tedioso trámite de un divorcio por mutuo acuerdo, tanto para el abogado como para las partes.

SmartSettle (www.smartsettle.com): creado por Ican Systems Inc., es una herramienta que a través de algoritmos incentiva la resolución de conflictos en línea, también conocido como ODR, logrando ahorrar dinero y tiempo. A su vez, tiene opciones para los casos donde existan múltiples partes en disputa, Incluso, puede integrarse con otras soluciones.

En Latinoamérica hemos tenido grandes avances. En el año 2019, Argentina, fue el primer país en utilizar inteligencia artificial en el sistema judicial. Los creadores de IALAB, primer laboratorio de inteligencia artificial dentro de una facultad de derecho en América Latina, fueron el cerebro detrás de “Prometea”, un software con inteligencia artificial, que predice y automatiza documentos en la administración pública, para de esta manera resolverlo mucho más rápido, como por ejemplo, pliegos, resoluciones, sentencias o dictámenes. Esta tarea, la lleva a cabo a partir de la lectura y el reconocimiento de patrones de las decisiones judiciales de las anteriores instancias que se encuentran disponibles en la web, pero las decisiones son supervisadas por una persona. Esta inteligencia artificial actúa mediante un comando de voz o por medio de un chat. Puede controlar plazos y requisitos formales, y también se ha entrenado al sistema para que confeccione pliegos y sea un asistente para realizar compras públicas. Según Juan Gustavo Corvalán (2019) “reemplaza meses o días por minutos o segundos”.

La incorporación de inteligencia artificial en el sistema judicial, a diferencia de lo que muchos piensan, no implica apartar totalmente al ser humano, más bien es una forma de aprovechar las capacidades humanas y concentrarlas en asuntos más complejos que un software no podría realizar, por lo que es indispensable la presencia de una persona.

Entonces, si la presencia del ser humano sigue siendo necesaria para monitorear el trabajo de una herramienta tecnológica que ha demostrado ser sumamente eficiente, me pregunto ¿será que no confiamos cien por ciento en la tecnología?, o ¿es que no queremos aceptar que ya no somos indispensables para ciertas tareas?. Culturalmente, ¿cómo sería la gestión judicial sin personas físicas? ¿a quién le reclamamos una decisión errada de Prometea? ¿Es esto éticamente aceptable?. Esta reflexión me lleva a hablar de un tema fascinante y muy controvertido como lo es la ética y su alcance, respecto al uso de inteligencia artificial.

La ética, es una palabra que deriva del griego ethicos que a su vez deriva de ethos que significa costumbre o hábito. Los profesores Fernández y Díaz de la Cruz (2015), definen la ética “como el ejercicio responsable de la libertad en busca del bien, tanto en el ámbito personal como en el profesional y social. Se trata de un proceso de reflexión que implica el uso de la razón para encontrar claves que nos orienten y guíen en nuestras acciones y decisiones” (69-118).

La ética (Melé, 2009), consiste así en la aplicación de un enfoque racional o filosófico a la moralidad. En consecuencia, no debemos confundir ese sentido espontáneo de la moralidad que tienen las personas, es decir el sentido de lo que es bueno y lo que es malo, con el enfoque racional que implica la ética.

El polémico mundo de la inteligencia artificial en los negocios, nos obliga a entender que la ética empresarial, va enfocada a lo que se consideraría moralmente correcto o incorrecto para los negocios. En este sentido, si un robot o un software con inteligencia artificial mal programado o con defectos, le causa un perjuicio a una empresa, entonces tenemos que aceptar que la ética y los valores no son cuestiones meramente personales, también son cuestiones organizacionales (Driscooll y Hoffman, 1999).

Tracy Groves, fundadora y directora de la empresa Ética Inteligente, y quien dedica su tiempo a empoderar a ejecutivos a pensar diferente respecto al uso de la tecnología, en una entrevista realizada por el blog Responsible City (2019), Groves habló acerca de la poca credibilidad que le tenemos a la inteligencia artificial, y cómo influye este pensamiento a la hora de utilizarla como herramienta. Me pareció interesante la comparación que hace respecto a la concepción de que tenemos respecto a los aviones:

“No sé cómo pilotear un avión, pero sé que es prácticamente operado por un programa de computadora, con una mínima intervención humana. Confío en el sistema, procesos, y en la gente que diseñó el sistema. Sé que hay salvavidas, controles, chequeos y balances en regla, para evaluar y monitorear la seguridad y la protección con gobernabilidad, y que existen estándares y regulación para mantenerlos. Entonces, la pregunta es ¿no necesitamos un marco de referencia igual para la inteligencia artificial?Debemos aprender a confiar lo suficiente en la inteligencia artificial”.

Tal vez por ello, no estamos explotando todo el potencial que tiene la tecnología a nuestro favor. En una industria en la que no hay cabida para el error humano, bien podríamos apoyarnos más en ella, y maximizar nuestro rendimiento intelectual. En este escenario, la innovación de mentalidad es un punto de partida importante.

Concluyo con el siguiente mensaje: es imperativo adoptar una tendencia a la transversalidad, es decir, capacitarnos en otras disciplinas, o bien aliarnos con profesionales de otros campos para darle un giro a nuestra práctica y aportarles a nuestros clientes y a la sociedad mucho más valor.

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